Comenzamos el camino el domingo de Pentecostés, desde La Paeria de Lleida. Hemos hecho noche en el Hotel Real, a la vera del Segre. Creo que somos los primeros en salir. Aunque las 7am nos ha parecido pronto, el sol prevalente nos ha sugerido que quizás no tanto.
El horizonte es de secano, de mucho cereal, y en el camino nos encontramos con mucha vida animal, la mayoría encerrada por la mano del hombre. Otras más afortunados van asaltando nuestro camino, particularmente las liebres.
Necesaria parada técnica en Bell-lloc para tomar un café (malo) y un bocadillo (regular).
El último tramo ha sido duro: el sol de justicia, que por estas tierras ya la imparte a las 10:30 nos ha consumido.
A las 12:30, entrando a El Palau d’Anglesola, nos ha asaltado una voz en forma de pregunta: “pelegrins?.” El Francesc nos ha reconocido a leguas vista. En medio de la fiesta popular que celebraban, se ha presentado como nuestro “hospitaler” y nos ha acercado con extrema amabilidad y alegría al refugio. (https://amicsdelcamidelpalau.blogspot.com)
Hemos dedicado la tarde a estirar el cuerpo y el alma. La oración contemplativa del pasaje de Zaqueo ha hecho el trabajo.
Hay lugares por los que pareciera que se cuela el cielo, están llenos de magia y de luz brillante. En esos lugares se acaba el llanto, las tristezas, las
incertidumbres. Solo queda silencio.
(Raquel Sabino Ramos - 8 Junio 2025)






