Camino Ignaciano | Verdú – Cervera (10 Junio 2025)

Dejamos Verdú a las 7:00. Pensábamos que esta era la etapa fácil: menos distancia que las jornadas anteriores y desnivel similar. La realidad es que nos hemos encontrado con una sensación de desierto importante y conforme ha avanzado la jornada, el desgaste, los dolores musculares (no sabía que teníamos tantos músculos, tendones y huesos capaces de hablar) y el calor deshidratante se han convertido en compañeros no invitados al viaje.

Tras Tàrrega la vegetación ha comenzado a cambiar un poco, muy poco, pero lo suficiente para darnos la sensación de avance. El trigo nos ha seguido acompañando, pero el tomillo y el romero han hecho acto de aparición, lo cual nos ha trasladado a la casa de nuestra imaginación.

A falta de 6km, en medio de la nada, no importaba si mirabas atrás o adelante, la fatiga y alguna desesperanza que otra en forma de dolor articular, han hecho presencia. Que importante es escucharnos, elevar nuestro nivel de consciencia y auto conocimiento, pero no para instalarnos en él, sino para seguir en el camino de la mano del que solo es.

A la falda de Cervera, el último kilómetro parecía tan vertical como si necesitáramos cuerdas y arneses. La hemos alcanzado, pero carentes. En la cima de la ciudad, te das cuenta que no sabes que necesitas agua hasta que tienes sed de verdad. Allí nos esperaba la fuente, refrescante y saciante, la una y la de verdad.

Ya estamos en el albergue, esta vez en el de la Sagrada Familia. Bien, aunque hubiésemos agradecido que nos hubieran recibido antes de las 15:00. Dicho eso, nos han permitido dejar las mochilas, y nos han ofrecido agua fresca (no necesitamos nada más).

Ayer por la tarde Raquel nos guió en la lectura contemplativa sobre la historia del Natanael de la higuera. Hoy ha sido sobre la mujer que limpia los pies de Jesús con sus lágrimas y el perfume de gran precio (Lucas 7:36-50). Una invitación a tener un encuentro con el Resucitado, ese encuentro que genera miradas compasivas, siempre.

Enlace a la playlist de Taize, música que nos ha acompañado en alguna de nuestras meditaciones.

Caminé por veredas ya andadas, escogí destinos conocidos, observé patrones en miradas, hice cábalas sobre lo indefinido. Caminé y busqué asincronías en esquemas de sobra conocidos. Viví ansiosa pensando en el futuro y buscando incansablemente en el pasado errores cometidos.

Viví sin vivir, miré y no vi. Hablé y no dije nada. Dormí y no soñé. Caminé sin estar en movimiento. Parecía siempre ausente, parecía un alma en pena. Me aterraron los desfases, necesité sincronizarte, hasta que por fin entendí que solo pedías entrega.

(Raquel Sabino Ramos - 10 Junio 2025)

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