La mañana ha comenzado un poco accidentada: cargados con nuestras mochilas y dolores, a las 6:00 nos hemos encontrado con el refugio de la Sagrada Familia cerrado (habiamos avisado de nuestra hora de salida pero se han olvidado). Diversas estrategias infructuosas (tocar el timbre, buscar otra salida, vocear) nos han llevado a un todo o nada: incursionar en el piso de los responsables a la busca de unas llaves. El precioso tesoro ha sido encontrado a las 6:20 y sigilosamente nos hemos apresado a salir después de dejar las llaves en el buzón (nota – nos han llamado a las 14:00 para preguntar cómo habíamos conseguido salir…)
El camino ha sido particularmente bonito, y a diferencia de otros días, esencialmente rural. Buena parte de la jornada la hemos hecho con la vía del tren como referencia cercana, a veces visible y en otras transitable. Eso sí, solo ha pasado un tren en 5 horas.
La jornada ha acabado con sorpresa: pensábamos que la ruta finalizaba en Igualada pero en realidad nos dejaba a 15km de la capital de l’Anoia. Después de 6 horas caminando, extender la jornada a pie por tres horas más no era una opción, tanto por el cansancio acumulado por el sol de justicia que nos golpeaba. La búsqueda de un taxi que nos acercara a l’alberg Cal Maco no ha sido fácil, pero nuestro particular buen samaritano en forma de mujer ha hecho presencia para ofrecernos una botella de agua y una buena dosis de optimismo y bondad.
Ya estamos en Cal Maco: mención especial a sus instalaciones. Muchos hoteles no están a la altura de este lugar.
La lectura contemplativa del día se encuentra en Lucas 6:15-21, donde se narra cómo Jesús caminó sobre las aguas después de alimentar a los miles.
Camino por caminos diversos, algunos anchos, otros estrechos. Soleados, sombríos, encumbrados o inciertos. Hoy he transitado el que le correspondía a este día, el de mañana es incierto. Pero decido enfrentarme día a día a la tarea de abrir caminos nuevos.
(Raquel Sabino Ramos - 11 Junio 2025)







